SONETOS NOVIEMBRE 2010

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 45

Veleta

 Llevo el pecho avezado a los bandazos

que da el músculo en él encorsetado,

parece que emigrar de lado a lado

le ayuda a sustraerse a los zarpazos

 

que a veces lanza el dios de los flechazos.

No asume establecerse en un costado

y es buen o mal ladrón crucificado

por diestros o siniestros coletazos.

 

Mas hoy quiero parar su inconsistencia,

no lo quiero veleta que confirme

la esencia pendular de sus envidos.

 

Y ruego que tu sólida presencia

sea el puerto final, la tierra firme

donde anclar para siempre sus latidos.

 

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SEMANA 46

Mi noche

 

La nada crece y arrincona sueños,

comienza a hervir el alma en soledad,

un loco escupe versos sin piedad,

la virgen se consuela con ensueños.

 

Los dioses son insectos tan pequeños

que tejen su capullo en crueldad

y ofrecen paraísos de igualdad

trufados de futuros halagüeños.

 

Mi noche se encamina tras las huellas

precarias del martirio y de la cruz,

y encinta con esperma de suicida.

 

Mi noche se hace pústulas y estrellas,

se cita con el alba a media luz

y pierde, día a día, la partida.

 

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SEMANA 47

La guinda del pastel

 Descubrimos el sexo y lo prohibido

haciendo mezclas raras de ansia y piel,

nos salimos gozosos del papel

que en su obra nos habían repartido.

 

Rompimos el precinto establecido,

actualizando sueños a granel,

sufrimos la agonía del infiel

que busca un nuevo dios desconocido.

 

Fuimos crisol de lujos y deseos,

compartiendo lujurias y mantel.

Cruzamos sin barquero los leteos,

 

poniéndonos del lado de Luzbel.

Y nos acometimos sin rodeos...

comiéndonos la guinda del pastel.

 

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SEMANA 48

Cada vez

 Cada vez que he llegado a conocerme

he descubierto que ése no era yo;

cada vez que me escudo en algún no,

no tardo en dar la vuelta y concederme.

 

Evito los espejos porque el verme

me incita a preguntarme qué pasó

con mi alma, que, en rigor, se me escapó,

pues voy exangüe, inútil, flojo, inerme.

 

Cada vez que te pienso y te convoco

me pierdo en laberintos con salida

de estulta cobardía y necedad.

 

A punto de alcanzarte me equivoco,

me aferro a la mentira conocida

por no aceptar sin miedo tu verdad.

 

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