SONETOS DICIEMBRE 2010

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 49

Boca a boca

 Por el módico precio de un “Te quiero”

se lleva un corazón aún en buen uso,

aunque a veces repica por iluso

y otras veces re-tañe por sincero.

 

Si se lo lleva, sepa, lo primero,

que requiere cuidados, pues, intruso

en cosas del amor, salió contuso

y debe ser mimado con esmero.

 

Y si una vez repuesto se desboca,

no lo juzgue inconstante y atrevido,

pues ha sido el excelso “boca a boca”

 

que sus labios en flor le han ofrecido,

lo que al fin y a la postre le coloca

de nuevo en posición de ser herido.

 

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SEMANA 50

Nosotros

No nos quejamos nunca del pasado

por más que intente hacernos renegar,

sabemos envidar si hay que envidar

y plantarnos si el Cielo tira el dado.

 

Cambiamos paraíso por pecado

y jamás nos cansamos de pecar,

jugamos al milagro de escapar

de este suelo tan firme y tan pesado.

 

Ponemos en su sitio al mismo Dios

sin pensar en eternas consecuencias.

Nos gusta dividir noche entre dos

 

para multiplicar por insolencias;

y siempre la ignominia de un adiós

nos mueve a pertinaces reincidencias.

 

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SEMANA 51

 

 Sueño esquivo

 

De pronto, el más esquivo de los sueños

cuajó en forma y aliento de mujer,

mi sólida actitud de descreer

devino en sus pedazos más pequeños.

 

De pronto, eclosionaron mis ensueños,

se fragmentó el cimiento del ayer,

de pronto, el ser firmó con el no ser

la paz bajo los cielos madrileños.

 

Consciente de su esencia, se hace espuma,

para batirse en duelo con tu playa,

mi pecho, antaño vísceras y bruma.

 

Y herido por tu púrpura metralla,

que saja a voluntad y que perfuma,

mi necio corazón, contento, estalla.

 

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SEMANA 52

 

Sueño mío

 

—Sueño mío, ¡tan alto es tu deseo!...

mas con sueño tendrás que conformarte,

y nunca, Sueño, debes elevarte

tan arriba que excedas a Morfeo.

 

Mi sueño me replica: “No te creo.

No pueden, por ser sueño, condenarte

a vivir del espejo en la otra parte,

a ser de la tragedia corifeo.

 

Y yo le insisto: —Tu Ítaca es quimera,

habrás de como Ulises fracasar

con un naufragio en cada despertar.

 

Pero el sueño tozudo persevera:

“Ulises al final logró su estrella.

Yo la sueño y, tal vez... me sueñe ella”.

 

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