SONETOS MARZO 2011

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 10

 

Su Húmeda impureza

 

Señoras y señores, por favor,

les presento a su Húmeda Impureza1,

capaz de sacrificio o de vileza,

de silencio inocente o de estridor.

 

Hoy caballo de Troya en el amor,

mañana sólo víscera y pereza;

su frágil y carnal naturaleza

se engríe con su rol de corruptor.

 

Se confiesa arbitrario hasta el extremo

de que a veces atrasa o adelanta.

Suicida reincidente, gong supremo,

 

que se ahoga en la sangre que decanta,

y se enreda en un ritmo tan blasfemo

que le hace a Dios un tajo en la garganta.

 

*/*/*/*/*

 1. El corazón

 

SEMANA 11

 

Carne mudable

 

Él desnudaba sombras y mujeres

por hacerse una idea de la vida,

se doctoró en pasión descomedida

y en arte de apurar amaneceres.

 

Perfeccionó pecados y placeres:

tenía por blasón la recaída,

y el corazón en línea de salida,

dispuesto a colisión y padeceres.

 

Era carne mudable, inconsistente:

tan pronto se ofrecía en sacrificio

o confiscaba labios de estraperlo.

 

Él cursaba su amor sin remitente

y huía por la puerta de servicio,

mas dejándose el alma… sin saberlo.

 

*/*/*/*/*

 

SEMANA 12

 

Declaración de intenciones

 

Yo que anido en la urdimbre tortuosa de algún verso,

que archivo de unos labios su mínimo dulzor,

que apenas embarcado, naufrago en el amor

y exhibo al escribir mi lado más perverso.

 

Yo que busco lo oscuro de cualquier universo,

por la luz de unos ojos reniego del Señor;

por adaptarme al medio no cambio de color

y en cada beso pongo la furia del converso.

 

Yo que juego, insolente, con estros y con fuego,

me quemo y lo disfruto, me empeño en el soñar...

acuso siempre el golpe de cada despertar.

 

Yo que escalo pecados, por ver adónde llego,

no cambio gloria eterna por un amanecer...

y siempre que me pierdo me encuentra una mujer.

 

*/*/*/*/*

 

 

  SEMANA 13

 

Consejero áulico

 

La tajante fractura del olvido

distancia el infinito del ayer

y un horizonte curvo, de mujer,

separa lo soñado y lo vivido.

 

De pronto, el adentrarse en lo prohibido

es tan fácil que puede parecer

tu pecado el más santo proceder

en esta religión de estar vencido.

 

Y el Consejero Áulico1 enmudece,

no escupe su tictac ni echa a volar,

la puerta de salida se enmohece:

 

la Libertad, al fin, es no buscar.

¡Qué parco el infinito que no crece!

¡Qué inmenso tu más mínimo lugar!

 

*/*/*/*/*

1. El corazón