SONETOS JUNIO 2011

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 23

 

¡Ave, Sabina!

(a Joaquín Sabina, con sincera admiración)

 

Sólo un hilo de voz que lo agiganta,

más de cien de catorce1 y un pitillo,

chistera de Mandrake2, alma de grillo

con cristales de luna en la garganta.

 

Enteco burlador que se amamanta

con tósigo de besos de tornillo,

mago de hoz a punta de martillo3

que ahora por la rosa4 se decanta.

 

Experto en delinquir con su guitarra

y en goces y blasfemias de diseño,

los Tres Grandes Tenores se la sudan.

 

Tan dandi, tan juglar y tan macarra.

¡Ave, César jienense y madrileño5,

los que van a escucharte te saludan!

 

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 1. Alusión al título uno de sus libros de sonetos (14 versos )

 2. Ilusionista prototípico de un cómic muy famoso de los 60

 3. Símbolos de la extinta URSS y del comunismo en general

 4. Símbolo del Partido Socialista Obrero Español

 5. Nacido en Jaén, pero madrileño de adopción

SEMANA 24

 

Cruzo del mundo a ti

 

Cruzo del mundo a ti y vuelvo al mundo

con la escasez del que lo pierde todo,

no encuentro entre mis sienes acomodo

ni se hace mi volar a lo profundo.

 

Vas derruyendo todo lo que fundo

por declararme inútil de algún modo,

patético aprendiz de Cuasimodo

que va de contrahecho a moribundo.

 

Busco la salvación entre desdenes,

impúdico estafermo masoquista

que gana solidez en los vaivenes,

 

como un desatinado equilibrista.

No hay ápice de mí que no cercenes,

y llevas sangre mía en cada arista.

 

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SEMANA 25

  

Ni un dios se atreve

 

Ya se excedió la noche, empecinada

en su carga de inhóspitas promesas,

los labios de ocasión, como pavesas

de incandescencia súbita y alada,

 

brillan, queman y mueren en la nada.

Y al cabo, mis metáforas traviesas

se dejan atrapar, que estando presas,

rebuscan infinitos por tu almohada.

 

Y el milagro huidizo pincha y huye,

fracaso al fin de dioses de diseño;

que en asuntos de amor ni un dios se atreve.

 

Y el alba calma y a la vez destruye

el sueño que se ahoga con el sueño:

uno tu boca, el otro muerte leve.

 

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 SEMANA 26

 

Echarse al monte

 

Metió a Dios en la caja de zapatos,

la razón se oxidaba en una esquina,

le presentó a sus versos la letrina:

“aquí el fin, aquí tristes garabatos”

 

Se recetó romances inmediatos

y una dosis letal de tinta china,

se echó al monte carnal de una vecina

desgarrando satén y celibatos.

 

Desechó inclinaciones de suicida,

su sueño más real, cuatro sonetos

y la nota falaz de despedida.

 

Cogió el portante, un beso y sus secretos,

la escasa vanidad, alguna herida

y se marchó a campar por sus respetos.

 

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