SONETOS SEPTIEMBRE 2011

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 36

 

Si no duele el amor

 

 ¿No susurran las musas en tu oído?,

pues intenta aprehender esa agonía.

¿No es acaso dolor la poesía,

el postrer estertor del malherido?

 

Si no duele el amor, con qué alarido

se podrá sublimar la letanía,

con qué chorro de sangre cumpliría

el poeta inmortal su cometido.

 

Si no duele el amor, no habrá veranos,

no habrá soles buscando un claroscuro,

no habrá muertes que colmen una vida

 

Si no duele el amor, sobran las manos,

sobran labios y tú, sobra el futuro,

sobran Dios y la gloria del suicida.

 

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SEMANA 37

  

El reloj parado

 

El tiempo ya no fluye por su esfera.

Tras hallar su segundo más hermoso,

lo sopesó y, callado y caprichoso,

decidió poner fin a su carrera.

 

Hay algo de infinito en tu quimera.

Con tu plante arrogante y orgulloso,

deshiciste el binomio melodioso:

el tic final del tac quedó a la espera.

 

Hay en tu gesto un rasgo de grandeza,

un encararse al dios más desbocado,

un matar al tirano que ennoblece.

 

Lo que el hombre, mortal naturaleza,

no pudo conquistar tú lo has logrado…

Y el parado reloj se enorgullece.

 

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SEMANA 38

 

Ángel moreno

 

Me acostumbré a volar sin tener alas,

a usar una careta cada día,

a andar de bar en bar, de mía en mía

y a gozar del impacto de las balas.

 

A saltar de urdebuenas a urdemalas,

a despreciar eruptos de ambrosía,

a ponerle interés a la apatía

y a ir del cielo al infierno sin escalas.

 

Me equivoqué de boca tantas veces,

confundí soledad con desmesura,

me vacié en amores de relleno,

 

y siempre dividí panes y peces,

mas no perdí del todo la cordura,

porque me redimió un ángel moreno.

 

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 SEMANA 39

 

Brizna de muerte

 

De repente un recuerdo y un soneto

perturbaron mi sueño tan esquivo,

el recuerdo me mata, y lo revivo

en los cuatros puñales de un cuarteto.

 

Ya el sueño no es descanso sino reto

que noche a noche sangro porque vivo,

chispazo de algo más definitivo

que no podré plasmar en un terceto.

 

Ampárame, fugaz brizna de muerte,

detén el torbellino en el que giro

con tu aliento episódico y perverso.

 

Muéstrame tu procaz sonrisa inerte

y extrae de mis venas, cruel vampiro,

hasta la última gota de mi verso.

 

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