SONETOS FEBRERO 2012

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 6

 

Ronda madrileña

 

Revuélcate de Metro y de tranvía

y cósete a la piel penas diarias,

confórmate con alas proletarias

que se derriten cada mediodía.

 

Apúntate a una cola de apatía

o escupe mil soflamas incendiarias,

y lucha por las más innecesarias

conquistas: del orgasmo a la utopía.

 

Perfúmate de barrio madrileño

con gotas de pecado y moralina

y afila bien las uñas del descaro.

 

Sumérgete en erebos de diseño,

invítale a una ronda a Proserpina

y coge el ascensor del desamparo.

 

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SEMANA 7

 

 

Plegaria a la noche

 

Narcótica noche, olvido fecundo,

unta tu pez sobre este corazón,

escóndeme en tu negro polisón

y líbrame del día nauseabundo.

 

Ofrécele al planeta vagabundo

que descanse de tanta rotación,

para que juegue siempre Faetón

por el lado contrario de mi mundo.

 

Entíntame de umbrátil armonía,

déjame ser tu bardo y tu pupilo

y pasa tu esmeril por mis aristas.

 

Te doy mi lucharniega poesía

si apartas de mi cuello el duro filo

de las mañanas estajanovistas.

 

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SEMANA 8

 

 

Letanía en gris

 

De cada corazón surge una herida,

de cada noche azul una mañana,

y cada torre ofrece una ventana

de par en par abierta a su suicida.

 

En cada boca hay una despedida,

en cada decisión, una desgana

y en cada paraíso, una manzana

que se vino a pudrir sin ser mordida.

 

Por cada beso pagas un peaje,

por cada amor, la vida y la sonrisa,

y no hay sol que no queme con su luz.

 

Cada calma te cuesta un abordaje,

y el ángel de la guarda no te avisa

que cada dios te carga con su cruz.

 

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SEMANA 9

 

Cenicienta

 

Tu adiós ha roto el as de mi baraja,

tu avaricia, mi saco... de dormir,

tu veneno, el encanto de morir

y Pandora, la tapa de su caja.

 

Tu amor le lleva un cuerpo de ventaja

a mi excesiva forma de sufrir.

A tus ojos les gusta delinquir

y tu boca sus besos descerraja.

 

Tus manos se despeñan por mi piel

sin saber que me llagan con su roce,

y mientras tu cintura, siempre infiel,

 

se escabulle a las puertas de mi goce

y busca en otro cuerpo otro papel

con la última campana de las doce.

 

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