SONETOS FEBRERO 2013

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 6

 

Indefensión

 

Tropieza a cada paso con la vida,

se ríe sin recato de sus penas,

le conmueven, en cambio, las ajenas:

experto en callejones sin salida.

 

Defensor de cualquier causa perdida,

le corren soledades por las venas

y le llagan el alma las cadenas

que tienen la esperanza sometida.

 

Malvive en sus absurdos universos

multiplicando loco por sincero,

perdiendo el corazón a la ruleta.

 

Herido en la cuchilla de los versos

le falla la trinchera de un te quiero.

¿Dónde estará el refugio del poeta?

 

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SEMANA 7

 

La noche a veces

 (dodecasílabos)

 

La noche siente también lo que yo siento

y así esgrime solidaria mis razones,

se apena de mis absurdas pretensiones

y llora estrellas y sangra sentimiento.

 

La noche acude a mi oído con un cuento

y consigue que se alumbren ilusiones,

me reta con sus procaces tentaciones

y abjuro, tiemblo, reniego… mas consiento.

 

La noche a veces se empaña con mi aliento,

cristal de dudas herido por mi dedo

donde confieso en silencio mis no puedo.

 

La noche a veces como un escualo hambriento

de dientes buidos y escamas de carbón

hace presa de mi frágil corazón.

 

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SEMANA 8

 

Yo era

 

Yo era aquel muchachito que reía,

que huérfano de padre y de padrinos

nunca quiso arrojar en los caminos

miguitas por volver de donde huía.

 

Yo era aquel que proclive a la herejía

pasó de jesuïtas a agustinos

y casi cayó en brazos jacobinos

por quitarse el olor a sacristía.

 

¡Cuántas veces en las bifurcaciones

de mi vida frenética y farsanta

he cogido la mano equivocada!...

 

Pero nunca dejé que mis canciones

se pudrieran sin voz en mi garganta,

por mucho que me hiriese su estocada.

 

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SEMANA 9

 

No quiero

 

No quiero enajenar mis soledades,

tan mías, tan clavadas en mis sienes,

que prefiero un abismo de desdenes

a esas falsas y espurias amistades.

 

No quiero defender mis dos verdades,

pues son tan vulnerables a vaivenes

que hoy libres y mañana son rehenes

de mis dudas, mis miedos y maldades.

 

No me gusta juzgar ni ser juzgado,

ni dar ni recibir ningún consejo,

ni rezar, ni implorar, ni arrodillarme.

 

No me arrepiento del peor pecado

y me asquea mirarme en el espejo

pues nunca he soportado el confesarme.

 

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