SONETOS MARZO 2013

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 10

 

Pon tu mano

 

Ponme la mano aquí, justo en el pecho,

ya verás como sientes un quejido

que aflora disfrazado de latido

cansado, quejumbroso, insatisfecho.

 

Y aunque sé que tú estás en tu derecho

de no prestar la ayuda que te pido

para este corazón tan constreñido,

por culpa de presidio tan estrecho.

 

Perdóname que insista, todavía

no es tarde, con un poco de calor

el casi desahuciado sanaría.

 

Vuelve a poner tu mano, por favor,

quizás sintiendo el grito de agonía

te acuerdes del milagro del amor.

 

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SEMANA 11

 

Infinito

 

Quisiera parecerme al infinito,

poder partirme en dos y ser el mismo,

pasar de la apatía al paroxismo,

poder hablar con Dios siendo un maldito.

 

Quisiera ver al cuerpo del delito

desnudo y en la cama, mi optimismo

vacuna inclinaciones al abismo

de pactar con el diablo algún gambito.

 

Quisiera estar al fondo del espejo,

repeler con miradas de futuro

aquellas que cargadas de pasado

 

rematan el desliz de hacerse viejo.

Y dejarme arrastrar hacia el oscuro

fulgor con que al amor lustra el pecado.

 

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SEMANA 12

 

Estúpidos poetas

 

¿Qué pretendéis de mí?, dijo el poeta,

alzando hacia los cielos las dos manos.

¿Quién dijo que aspirásemos a humanos

mostrándonos al mundo sin careta?

 

Qué somos sino estúpida veleta

que en alas del amor siempre giramos,

el último de todos los gusanos,

la más desvencijada marioneta.

 

Somos lágrima al mar o pluma al viento,

lotófagos que acuden al olvido

a lomos de palabras sin sentido.

 

¿De dónde viene tanto desaliento!

¿Qué esconde la escombrera de este pecho

que ha nacido entre impúdico y deshecho!

 

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SEMANA 13

 

Dos sombras

 

Hay una sombra gris que siempre estira

su mano hacia mi mano tan huraña,

una sombra que humilde me acompaña

cada noche, y al alba se retira.

 

Se espesa perfilando mi mentira,

entre estrellas y ron me desentraña,

con otras sombras sé que no me engaña

y no esquiva mis ojos cuando mira.

 

El goce triste de la recaída

marca distancia entre mi sombra y yo:

la sombra entre dos luces sigue viva,

 

mientras yo voy negándome la vida…

A dos sombras la aurora sorprendió,

huye la honesta, queda la lasciva.

 

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