SONETOS AGOSTO 2013

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 32

 

Dos partes de poeta

 

Mi deriva es la noche y el licor

y mi verso es impúdico y pagano,

mis amigos... los cuento en una mano

y ahí incluyo a algún que otro impostor.

 

Reincidiendo en la droga del amor,

me reencarno en algo casi humano:

dos partes de poeta, y de gusano

la otra mitad, que medrará mejor.

 

Canté las pomporrutas imperiales

y mientras me apretaban en las filas,

yo cruzaba dos dedos por detrás.

 

Así acabé rezando en albañales,

apóstata del fin de meapilas

que pretendían Dios y sus demás.

 

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SEMANA 33

 

¿El más allá?

 

Tropezando en urgencias milenarias,

cargados de bagaje tan escaso,

aun miramos la cumbre del Parnaso,

equivocando Glorias necesarias.

 

Del miedo del no ser surgen plegarias,

que más que gritos son un por si acaso,

buscar soles allende del ocaso,

donde sólo hay estrellas funerarias.

 

¿Qué son las religiones? Sacar pecho

por ser ceniza, polvo, sombra, viento.

¿Qué será Dios, soberbio insatisfecho?

 

Si sangre del infiel es su alimento

y el odio hacia otros dioses su provecho:

Dios es... el hombre en su peor momento.

 

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SEMANA 34

 

No cura el tiempo

 

Dicen que el tiempo es hábil cirujano,

que no hay herida tal que comprometa

su fama de aliviar con la lanceta

del dulce olvido el cáncer más insano.

 

Mas desde Adán, y a cuento de un manzano,

cambió su bisturí por la cruceta

del hombre, la indefensa marioneta

que danza a los acordes de su mano.

 

¡Pobre mortal!, no ves que tu campana

muchas más veces dobla que repica.

¿Quién te vendió que el tiempo todo sana?

 

¿No escuchas en la tierra el azadón?…

No cura el tiempo, el tiempo verifica

que es más polvo que gloria el corazón.

 

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SEMANA 35

 

Posa tus labios

 

Posa tus labios en mi fruta oscura,

deshaz miedo y futuro en un instante,

busca el abismo dulce donde el Dante

jamás pudo pasar de la cintura.

 

Allí se mezclan rezos y locura,

pecados y placer con agravante,

paloma de la paz beligerante,

y el sueño de la virgen más impura.

 

Allí cuajan estrellas de repente,

allí el mayor milagro es tan corriente

que nadie se preocupa por los dioses.

 

Posa tus labios porque el paraíso,

antes inalcanzable y ya sumiso,

sus puertas abrirá cuando los poses.

 

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