SONETOS MARZO 2014

Autor: Manolo Berriatúa

SEMANA 09

 

Lloró el poeta

 

Lloró el poeta al verse entre verdades,

rezó sin darle a Dios ventaja alguna,

jugó a sol y salió mil veces luna,

perdió su fe y sus tres virginidades.

 

Se hizo infiel entre dos fidelidades,

apostó sin dudarlo su fortuna,

pidió carta llevando veintiuna

y ocultó su bondad entre maldades.

 

Picó espuelas al potro de tortura

por escapar de un cielo indiferente,

se hizo carne, imprudencia y desmesura.

 

Alternaba entre esclavo e insurgente,

y se enrocó de versos y locura

al escaque de un pecho adolescente.

 

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SEMANA 10

 

 

Me cuento

 

Me cuento entre los pocos que lloran porque sí

que se desvela echado y se duerme de pie.

Me cuento entre los pocos que no ha sido ni fue,

que no quiso ser nada, pero te tuvo a ti.

 

Me cuento entre los pocos que tiran de razón

que no temen infiernos, que no imploran piedad.

Me cuento entre los pocos que, sin necesidad,

pueden vender el alma por comprar corazón.

 

Me cuento entre los pocos que empeñan la mirada,

que no callan ni otorgan, que no saben rezar,

que no agitan banderas y prefieren soñar.

 

Me cuento entre los pocos que no alquilan la espada,

que no se aburren nunca, que no esperan triunfar,

y, desde diez mil metros, les gusta ver el mar.

 

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SEMANA 11

 

Ella

 

Ella esconde una bruma de risa fronteriza

entre el bien y un pecado, que es siempre original,

entre dos labios tenues, escarchados de sal,

y un rubor displicente de entrega primeriza.

 

Ella apura mil sueños; sin querer tiraniza,

y empaña con su aliento mi orgullo de cristal.

Ella traza horizontes de su bien a mi mal

y horada con sus lágrimas mi coraza caliza.

 

Ella sujeta estúpidas aventuras sin meta,

por su cintura habitan astros y mariposas

que arrinconan delirios y estrenan mi soñar.

 

Ella encarna en mi pecho y me quita la careta,

con su piel se rearman de pétalos las rosas

y, a fuerza de milagros, me ha enseñado a pecar.

 

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SEMANA 12

 

Seré feliz, estuve enamorado

 

Que no se entere Dios que te he besado,

jamás disculparía mi arrogancia,

que quede Él satisfecho en su ignorancia

y quede yo orgulloso en mi pecado.

 

Tus labios con mi boca he profanado,

burlando la divina vigilancia…

Cuando haya que enfrentar la intolerancia,

valdrá la pena ser excomulgado.

 

Que al ser feliz has de pagar peaje,

lo supe desde siempre y aún lo sé.

Así que cuando Él dé por terminado

 

el efímero don de este pasaje

y me mande a su infierno, gritaré:

“Seré feliz, estuve enamorado”.

 

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