ODA A LA MARIOLOGÍA
Cuentan de un pobre que un día
le dio tanto al aguardiente
que se propuso, insolente,
estudiar Mariología.
Compró El LIBRO[1], un diccionario,
la Gramática en tres tomos
y se echó todo a los lomos,
en su intento temerario.
Tan pronto como hizo arqueo
de sus bagajes precarios,
compró otros tres diccionarios:
griego, latín y arameo.
Y por ir a toda vela
por los mares del saber,
se entretuvo hasta en leer
al Ambadiang y a Varela.
Y así pasaba los días
del curro a la biblioteca
y, como árabe a la Meca,
a todas las tutorías.
Con su ignorancia a granel
el iluso ya creía
la pu ra Morfología
sin secretos para él.
Ya sé lo que es coalescencia,
descifré la haplología,
la acronimia es cosa mía,
el sincretismo, mi ciencia.
Ya no se me escapa un mente
y de re-viento percibo,
en ese re- iterativo,
que es un aire reincidente.
Tras un estudio severo
de pluralia y singular,
he logrado des-cifrar
el rollo del morfo cero.
Y os lo voy a resumir:
"El que inventó el morfo cero
ya sabe por qué agujero
se lo puede sub-sumir"
Ya estoy entre los mejores
soy la mega-enciclopedia,
mis ses ya no son voz media:
son sopranos y tenores.
Ya he logrado la proeza
(tras mil años de bebercio)
de saber qué es un sex-tercio:
"un polvo y una cerveza".
Y que la colocación,
¡quién lo fuera a imaginar!,
no se consigue en el bar
con la botella de ron.
Z y z son re-cetas,
de rama viene ram-era
y ya sé que la re-pera
tira más que dos carretas.
Hoy sé que el acortamiento
no lo alarga una Viagra,
que magr-o mociona en magr-a
y ogr-o en ogr-esa, ¡qué invento!
Ya escribo con propiedad,
descompongo mega-chollo
y sé que un cuarto de pollo
es menos que la mitad.
Soy afijador estrella,
soy un híper-no-sé-qué
un compuesto: guay-olé,
gris cañón, verde botella.
Inflexivo en la flexión,
con los dos in-, in-Clemente [2],
y derivo diligente
en cada derivación.
Ya no hay bolis de repuesto,
me siento desfallecer,
de tanto descomponer,
ando todo descompuesto.
Hasta en sueños descompongo,
y en tales en-soña-cion-e-s,
hay más descomposiciones
que de tifus en el Congo.
Pero la gloria es esquiva:
si me creía en-cumbr-a-d-o,
el examen me ha sentado
peor que una lavativa.
Y después de tantos retos,
cientos de re-contra-fijos
y miles de emas prolijos,
resulta ¡que son discretos!
Ya soy historia, soy penas,
menos que una cag-arr-uta,
ya dudo entre la cicuta
o un atracón de morfemas.
Soy participio pasado
que en su arduo batallar,
tras mucho Morfologar,
ha acabado Morfollado.
Con un INRI y un infijo
envido mi última apuesta
y, en enérgica protesta,
en clase me cruci-fijo.
Epitafio
Yo que partí de la nada
puedo al mundo declarar
que, tras mucho prefijar,
sólo alcancé la re-nada.
Coda (a mis amigos)
No pongáis RIP en mi tumba
que no quiero siglación,
poned, si me habéis querío:
"No era morfema vacío,
que tenía corazón".
VARIACIONES SOBRE EL ROLLO
DEL TENAZ CUARTO DE POLLO [1]
Esta tarde en la UNED surge un escollo
donde encalla hasta el ánimo más fiero,
es algo que anonada, me refiero
al ambiguo y tenaz cuarto de pollo.
Es triste haber caído en tal embrollo,
en este miserable desafuero,
que por no ser no es ni un pollo entero
y no lleva estragón ni perifollo.
Maldito quien se cuelga por tan poco
habiendo vacas, cerdos y corderos;
qué gran desproporción comerse el coco
por esta vil cuestión de carniceros.
No sé si ya me estoy volviendo loco
y en ocho cuartos veo dos enteros.
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Yo creo en un principio primordial,
como en la Trinidad creen los cristianos,
en múltiples deidades, los paganos
y el maniqueo estima el Bien y el Mal.
Se puede hasta adorar el Capital
o al verde emperador de los marcianos.
Pero lo que se escapa de las manos
es creer en un cuarto de animal.
Quién puede imaginarse en un altar,
colocadito enhiesto sobre un poyo,
saludando a sus fieles con su alar,
a un escuálido y ruin cuarto de pollo.
Esto sólo lo puede pergeñar
un filólogo turbio y de mal rollo.
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SONETILLO A ESA AMBROSÍA
QUE ES MEJOR QUE UN SOLOMILLO
Prestadme un punto de apoyo,
dijo un sabio matemático.
Y a un petulante gramático
le dio por seguirle el rollo:
Aunque duden, el meollo
que mueve este mundo apático
no es algo tan enigmático,
es sólo un CUARTO DE POLLO.
Porque un cuarto es mucho más
que ciento cincuenta gramos
y con dos pollos tendrás
un repollo. Si apoyamos,
será poyo; y, además,
si no hay follo, no follamos.
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Manolo Berriatúa, Febrero de 2007
[1] La ambigüedad del sintagma "un cuarto de pollo", es pregunta que se repite con asiduidad en los exámenes de Morfología de 4 y que ha merecido un capítulo del libro de García-Page, amén de múltiples discusiones en sus clases.