ALGUNOS SONETOS DE DOS EN DOS
Carne mudable - Ángel de albañal  [texto] Contradictoria - Luna   [texto]
Corazón_1   [texto] Corazón_2   [texto]
Cruz - Crucificado   [texto] Cruzo - Ni un dios   [texto]
Desencanto - Vivir sin pecar   [texto] Fracaso - Estúpidos poetas   [texto]
Juego - Declaración   [texto] Milagro - Herida   [texto]
Nací - Naturaleza muerta   [texto] Niña - Jardín   [texto]
Otero - Alberti   [texto] Soy  y Voy   [texto]
Soy - Organismo débil   [texto] Sueño - Renuévame   [texto]
Vivir - El reloj parado   [texto] Zigszags - Rubicón   [texto]

 

Y POR SI QUIERES LEER MIENTRAS LOS ESCUCHAS

 

 Carne mudable

Él desnudaba sombras y mujeres

por hacerse una idea de la vida,

se doctoró en pasión descomedida

y en arte de apurar amaneceres.

 

Perfeccionó pecados y placeres:

tenía por blasón la recaída,

y el corazón en línea de salida,

dispuesto a colisión y padeceres.

 

Era carne mudable, inconsistente:

tan pronto se ofrecía a un sacrificio

que confiscaba labios de estraperlo.

 

Él cursaba su amor sin remitente

y huía por la puerta de servicio,

mas dejándose el alma sin saberlo.

 */*/*/*/*

 

Ángel de albañal

 Yo voy de tantas penas enlucido

que sangro versos y aliento tempestades;

canonizado en labios y maldades,

no aspiro al paraíso prometido.

 

Yo voy de sueños tristes malherido,

empeñado en violentas soledades,

promiscuando mentiras y verdades,

de Dios y del Diablo apercibido.

 

Yo pude haberte amado y te evité,

yo pude ser volcán y soy burbuja

que flota sobre el pico de una aguja.

 

Yo pude recorrerte y me paré…

Y hoy ángel de albañal, tosco, amputado,

busco mis alas y encallo en tu pasado.

 (arriba)

 

 

Contradictoria

Nigromante con soles en las manos

y vísceras y granos de café,

experta en derrocar a soberanos,

en recibir la muerte a volapié.

 

Pitonisa de augures inhumanos,

de sueños enfrentados a la fe,

imposible vestal de los paganos

dioses del corazón y el evohé.

 

Efímera y perenne, bayadera

de un Baudelaire que en tratos con el mal

le arrancaba sus versos y sus flores.

 

Feraz, concupiscente primavera,

y estatua que jamás lo fue de sal,

pues nunca dio la espalda a sus amores. 

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 Pobre Luna

 La Luna deja un rastro de hojas secas,

tal vez sueña ser árbol y las pierde,

cambiando vieja plata por el verde

que hilarán primaveras en sus ruecas.

 

La Luna está jugando a las muñecas,

tal vez quiera ser niña, que recuerde...

la infancia que no tuvo le remuerde

las entrañas estériles, resecas.

 

Pobre Luna, yo sé que lo que añoras

es ir dejando huellas por la arena

y soñar niños, árboles y besos.

 

Pobre Luna que sufres y no lloras,

que anhelas en tus noches mi condena:

el ir notando el peso de los huesos.

  (arriba)

 

El corazón y yo

 Ciñámonos al hecho –dijo un día

mi músculo cordial, protocolario,

a ti y a mí nos mata el calendario:

amor eterno, ¡vaya tontería!

 

Somos fugaces, lábilesporfía.

De qué piensas hacerme fiduciario

a mí, que ni siquiera en el osario

he de dejar constancia. ¡Qué ironía!

 

¡Despierta de una vez, recapacita!

¡Carpe diem, disfruta la función!

Y yo, en silencio, mientras él me grita

 

rebato tan pragmática opinión:

"Voy a seguir soñando, tú palpita,

que alguien vendrá que te haga corazón".

 */*/*/*/*

 

 Mariposa errónea

 Mi frágil corazón, loca burbuja,

en pompas de jabón se desbarata,

tenue cartón, sutil hoja de lata

que al roce de un amor se desdibuja.

 

Ingenuo perdedor que siempre puja

por quien más le desprecia y le maltrata,

como un globo suicida y escarlata

que va buscando el beso de una aguja.

 

Músculo frágil quiere guarecerse

en el refugio sólido del pecho,

por no ir a desbocarse entre tus manos.

 

Músculo propenso a envanecerse

y es mariposa errónea que, de hecho,

acaba trasformándose en gusanos.

(arriba)

 

 

Perdonen

 Perdonen, ¿ése es mi corazón?,

lo digo porque late demasiado,

su tictac no era antaño desbocado,

palpitaba con más moderación.

 

Este que ahora hierve de ilusión,

que bate desmedido mi costado

cuesta creer que sea aquél ajado,

apenas de mi pecho polizón.

 

Aquel que con sordina, pechiquieto,

pasaba por amores de puntillas

para no despertar a la ilusión,

 

toca hoy su fortísimo alegreto,

brotan por sus arterias maravillas

y anuncia a cañonazos su pasión.

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Su Húmeda Impureza

 Señoras y señores, por favor,

les presento a su Húmeda Impureza,

capaz de sacrificio y de vileza,

de silencio inocente y de estridor.

 

Hoy caballo de Troya en el amor,

mañana sólo víscera y pereza;

su frágil y carnal naturaleza

se engríe con su rol de corruptor.

 

Se confiesa arbitrario hasta el extremo

de que a veces atrasa o adelanta.

Suicida reincidente, gong supremo,

 

que se ahoga en la sangre que decanta,

y se enreda en un ritmo tan blasfemo

que le hace a Dios un tajo en la garganta. 

(arriba)

 

 

Tú a tu cruz

 No me preguntes, Dios, que no respondo

a tus dudas que son eucaristía,

a tu verdad que choca con la mía,

a tu cielo tan hueco y tan redondo.

 

No trates de encontrar mi doble fondo,

no malgastes reservas de ambrosía,

tu a tus fieles y yo a mi idolatría,

nos vemos en tu sótano más hondo.

 

A mi alma no le va marcar el paso

ni esperar recompensas muy lejanas,

la gusta más hartarse de manzanas.

 

Mas no hagas una cruz de mi fracaso,

no lo tomes a mal, como derrota,

ni vayas a morir por este idiota.

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Crucificado

 Presa el alma a bocados, rota a besos,

a juego el corazón y la camisa,

deshecho el lecho, la brújula imprecisa,

navego a flor de piel, fruto de huesos.

 

Abro el cuaderno azul de los excesos,

y tú, página a página, sin prisa,

le haces ojales blancos con tu risa

elípticos, impuros y traviesos.

 

Voy a partirme en dos por ofrecerte

esa mitad que nadie ha completado,

y luego, a cara o cruz, a vida o muerte,

 

trasfundirle tu aliento a mi costado,

ansiando compartir con Dios la suerte:

Él a su cruz, yo a ti crucificado.

 (arriba)

 

 

Cruzo del mundo a ti

 Cruzo del mundo a ti y vuelvo al mundo

con la escasez del que lo pierde todo,

no encuentro entre mis sienes acomodo

ni se hace mi volar a lo profundo.

 

Vas derruyendo todo lo que fundo

por declararme inútil de algún modo,

patético aprendiz de Cuasimodo

que va de contrahecho a moribundo.

 

Busco la salvación entre desdenes,

impúdico estafermo masoquista

que gana solidez en los vaivenes,

 

como un desatinado equilibrista.

No hay ápice de mí que no cercenes,

y llevas sangre mía en cada arista.

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Ni un dios se atreve

 Ya se excedió la noche, empecinada

en su carga de inhóspitas promesas,

los labios de ocasión, como pavesas

de incandescencia súbita y alada,

 

brillan, queman y mueren en la nada.

Y al cabo mis metáforas traviesas

se dejan atrapar, que estando presas,

no buscan infinitos por tu almohada.

 

Y el milagro huidizo pincha y huye,

fracaso al fin de dioses de diseño;

que en asuntos de amor ni un dios se atreve.

 

Y el alba calma y a la vez destruye

el sueño que se ahoga con el sueño:

uno tu boca, el otro muerte leve.

 (arriba)

 

 

Desencanto

 Quiero volver al centro de mí mismo

y sé que habito sólo las afueras,

quiero vivir al borde del abismo

y, en cambio, me resigno a las fronteras.

 

Quiero ser imperioso sueño inútil

y me hago pesadilla recurrente,

quiero un alma de espuma e inconsútil

y la cargo pesada y consistente.

 

Soy práctico y fechado en los corrientes,

tan proclive al factor mediocridad,

desarmado en tu sexo hasta los dientes,

 

hundido en la prosaica sobriedad,

perdido entre mezquinos reincidentes,

igualando al futuro en necedad.

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Vivir sin pecar

 Hoy me duele el destierro de esos amores nube

que cruzaban veloces los cielos sin futuro.

Hoy cierro más los ojos por estar más seguro

de encuentros tan fugaces que tal vez ni los tuve.

 

Me acerco entre fantasmas al supremo oleaje,

batallando al timón de un pasado fugaz,

desnudo y sin anclaje, con un frío tenaz,

como poeta errante, ligero de equipaje.

 

Los deseos absurdos horadan mi costado

y se instalan feroces en cada despertar

cuando el gusto a otros labios aún no se ha secado.

 

Hoy convido a la muerte y pago sin chistar,

mis mejores pecados son cosa del pasado.

¡Qué indigno es el hastío de vivir sin pecar!

 (arriba)

 

 

Fracaso

 ¿Por qué cantará el cisne, si es mi día?

Tal vez querrá robar protagonismo

a quien en los cantiles del abismo

aún no quiere olvidar que te quería.

 

Te he buscado y te busco todavía

en la bruma fugaz de un espejismo;

perdido ya el respeto hasta a mí mismo,

entono como el cisne una elegía.

 

Qué triste criatura es el poeta,

se empeña en tropezar hasta el exceso

siempre en la misma piedra (el mismo beso).

 

Idiota pertinaz, busca una meta

más lejana y más alta a cada paso:

gota de Dios en mares de fracaso.

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Estúpidos poetas

 ¿Qué pretendéis de mí?, dijo el poeta,

alzando hacia los cielos las dos manos.

¿Quién dijo que aspirásemos a humanos

mostrándonos al mundo sin careta?

 

Qué somos sino estúpida veleta

que en alas del amor siempre giramos,

el último de todos los gusanos,

la más desvencijada marioneta.

 

Somos lágrima al mar o pluma al viento,

lotófagos que acuden al olvido

a lomos de palabras sin sentido.

 

¿De dónde viene tanto desaliento!

¿Qué esconde la escombrera de este pecho

que ha nacido entre impúdico y deshecho!

(arriba)

 

 

Mi juego favorito

 Hay un juego al que nunca me has ganado,

un juego en que se apuestan corazones,

se gana por rendir sin condiciones

el alma, el cuerpo y todo lo apostado.

 

Consiste en no alcanzar lo deseado,

en ser feliz con mil claudicaciones,

un juego que se juega en tus rincones:

el juego del poeta enamorado.

 

Y yo sigo jugando aunque la suerte

me siga sonriendo hasta la muerte:

soy un desatinado ganador.

 

que quiere por victoria una derrota

y en tu asedio prosigue, pobre idiota,

ganando porque pierde en el amor.

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Declaración de intenciones

 Yo que anido en la urdimbre tortuosa de algún verso,

que archivo de unos labios su mínimo dulzor,

que apenas embarcado, naufrago en el amor

y exhibo al escribir mi lado más perverso.

 

Yo que busco lo oscuro de cualquier universo,

por la luz de unos ojos, reniego del Señor;

por adaptarme al medio, no cambio de color

y en cada beso pongo la furia del converso.

 

Yo que juego, insolente, con estros y con fuego,

me quemo y lo disfruto, me empeño en el soñar

y acuso siempre el golpe de cada despertar.

 

Yo escalo los pecados por ver adónde llego,

no cambio gloria eterna por un amanecer

y siempre que me pierdo, me encuentra una mujer.

(arriba)

 

 

Milagro reposado

 Ahora que el amor ya no es el peso

de la sangre imprudente y orgullosa,

ahora que no es pugna vanidosa

ni el relámpago fiero del exceso.

 

Ahora que prescinde de embeleso,

que es más ave tenaz que mariposa,

que es más raíz que pétalo de rosa

y no nace y termina con un beso.

 

Ahora que es dulzor sedimentado

que alivia la insolencia de las horas,

y es más de atardeceres que de auroras.

 

Ahora que es milagro reposado,

rompe mi amor en ti con tanta fuerza

que no hay pasión ni goce que lo tuerza.

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Esta herida

 Esta herida que es un poema breve

no se restaña en prosa coagulante;

esta tesis de angustia diletante

con tu buida presencia no se atreve.

 

Este pecho en agraz, de fruta aleve,

madura en soledad con agravante

y duda, borrascoso y petulante,

en suicidarse o no de seis a nueve.

 

Estas manos encintas de maldades

que no rezan ni hieren, te codician,

pues son raíces ávidas de abril.

 

Y estos ojos desnudos de verdades

te buscan aun miopes y ajustician

con su mirada turbia tu perfil.

(arriba)

 

 

Nací

 Nací la víspera de San Martín,

tal vez por eso tiendo al sacrificio

de intentar versos entre vicio y vicio,

con besos y adjetivos por botín.

 

Prosélito de Ignacio y de Agustín,

sobraban santos, faltaba novicio,

desde entonces ya nunca me desquicio

cuando me auguran fuego como fin.

 

A veces acodado en el esplín

puedo firmar con mi alma un armisticio

y sujeto a la pluma de la crin.

 

Aún tengo el corazón en ejercicio,

profuso, latituerto y andarín,

torpón, de enamorado vitalicio.

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Naturaleza muerta

 Me escapo en bellos trenes al ocaso,

pongo a volar las ganas de morir,

me enredo en laberintos sin salir

del poderoso embrujo del fracaso.

 

Pierdo luz y sonrisa a cada paso,

le aouesto al mar la espuma del sufrir,

derrotado, me dejo seducir

por la risa suicida del payaso.

 

Voy gastando mis labios y mis manos

en objetivos lábiles y vanos

y en insípidos labios de cristal.

 

Como si el dios fecundo de la rima

derramara su esperma por encima

de un alma de estéril pedernal.

(arriba)

 

 

La niña que volvió tarde

 No desoyó los ruegos del deseo,

que es violento y ladino embaucador

y tan bien sabe disfrazar de amor

su sublime llamada al himeneo.

 

En pos del arrogante corifeo,

que sus artes cebó con una flor,

matizada de luna y de rubor

se hizo julieta de fugaz romeo.

 

Ya la noche, tan cómplice, se enroca,

apagando sus últimos destellos

y encendiendo el fanal de una sonrisa.

 

Repoblada de besos va su boca,

cuajados de azahares sus cabellos…

y por que no la riñan, va deprisa.

 

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El Jardín

 En el jardín brillaba nuestra estrella,

la más pequeña, pícara y sonriente,

que detrás de una nube, complaciente

cómplice del amor, ya no destella.

 

Pero el flash de una pérfida centella,

surgiendo, raro sol, desde poniente,

lanzó su fogonazo incandescente

e incendió de rubores a la bella.

 

El tictac de sus pasos y el sendero,

sus dudas, su retorno, mi te quiero…

y al fin, el dulce beso recobrado.

 

No pudo ese fugaz trazo de cielo

deshacer con su guiño nuestro anhelo…

y floreció el jardín: rosa y pecado.

 (arriba)

 

 

A Blas de Otero

 Besas besos de mar, a dentelladas

salobres de resaca y caracolas,

que horadan con la furia de las olas

mi boca de escolleras escarpadas.

 

Ríes lascas de lirio, a bocanadas

esenciales, que rasgan amapolas

y libres de su lastre de corolas

vuelan albas, revuelan madrugadas.

 

Miras, luz y dolor de espina verde,

aguijonando de íntimas distancias,

aceitunando el ámbar de mis huesos.

 

Olvidas… pero deja que recuerde,

en marejadas, púas y fragancias,

tus risas, tus miradas y tus besos

 

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A Alberti (2)

 Lloraba Cádiz como no sabía,

brotaban las biznagas con crespones,

sangraban soleares los bordones

de las guitarras de tu Andalucía.

 

Y allá en el Puerto de Santa María

hay espectros por todos los rincones

que roban de los rotos corazones

la vida que les dio tu poesía.

 

Mas ángeles domados por tu brida

te llevan al confín del Universo,

para cambiar sus alas por un verso.

 

Vuelve la calma a descoser la herida

y sueño que despierto y me repito:

yo en mis penas y en la mar un grito.

 (arriba)

 

 

 Soy 

Soy de dientes adentro tan inmundo

tal cualquier otro ser de carne y hueso;

soy la mezcla letal de sexo y seso,

raíces con disfraz de vagabundo.

 

Entre cielos y ciénagas, fecundo,

me esparzo en sangres tibias, y por eso

la herida de mi boca, con un beso,

entinta hasta tu abismo más profundo.

 

Soy tan sordo que a veces ni me escucho,

me escudo en la humildad de tan soberbio

y no hay límite en ti que no propase.

 

Soy mentira y verdad: Te quiero mucho.

Mentirosa escasez en el adverbio...

y tan verdad el resto de la frase.

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Organismo débil

 Tengo a la muerte tan enamorada

que cada noche vela mi tristeza,

y cada aurora es casi una proeza

conseguir que se bata en retirada.

 

Tengo la pena mal disimulada,

cien mil dudas buscando una certeza,

una rabia de gran delicadeza,

la indefensión, la angustia, casi nada.

 

Soy organismo débil, con humores

que alternan entre fiebres y placeres,

insípido festín de algún gusano.

 

Soy inexperto en cielos y en amores,

percutido de ausencias y mujeres,

es decir, parangón de un ser humano.

(arriba)

 

 

 Sueño mío

 Sueño mío, es tan alto tu deseo

que con sueño tendrás que conformarte

y nunca, sueño, debes elevarte

tan arriba que excedas a Morfeo.

 

Mi sueño me replica: "No te creo,

no pueden, por ser sueño, condenarte

a vivir del espejo en la otra parte,

a ser de la tragedia corifeo".

 

Y yo le insisto: Tu Ítaca es quimera,

habrás de como Ulises fracasar

con un naufragio en cada despertar.

 

Pero el sueño tozudo persevera:

"Ulises al final logró su estrella,

yo la sueño y, tal vez, me sueñe ella".

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Renuévame

 

Quiero darte mis manos como restos

de ese naufragio que otros llaman vida;

quiero entregarte mi alma, que atrevida

se amparaba en inútiles arrestos.

 

Quiero darte mis ojos, palimpsestos

donde escribir y reescribir tu herida.

Quiero ser laberinto sin salida

donde mueran mis últimos pretextos.

 

Quiero vaciar mi esencia y agotado,

recibiendo el aliento de tu boca,

revivir sin el lastre del pasado.

 

Quiero ser el incrédulo que toca

la llaga germinal de tu costado,

para creer que el cielo le convoca.

(arriba)

 

 

Soy

 Soy fluido inútil de un surtidor ciego,

un corazón de non, descabalado,

un escorzo entre ángel y soldado,

ochenta por cien agua, el resto fuego.

 

Soy la imagen de un Dios del que reniego,

y un alma trasversal, de medio lado,

la libertad del bruto encadenado,

la esclavitud de un beso, desde luego.

 

Soy careta buscando carnavales,

pechinegro en peligro de grisú

y un revuelto de gloria con escoria.

 

Soy un número más (con decimales),

el acento en la “u” que llevas tú

y el desnudo más torpe de la historia.

 

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Voy   

Voy de pánico más que de valor.

de pena en vena, de males a raudales,

capeando, desnudo, temporales,

heroicamente huyendo del amor.

 

Voy, lastrado de versos a babor,

de puntos a pecados cardinales,

perdido en horizontes verticales,

velando en mi disfraz de soñador.

 

Voy cruzando el umbral de un cuerpo esquivo,

desnudo desde el alma para abajo

y haciendo de un fracaso una canción.

 

Voy a salto de mata, mediovivo,

derrochando mis nadas a destajo

y muriendo al compás del corazón

 

(arriba)

 

 

Vivir

 Vivir es impregnar de Dios las manos,

plantar cara al presagio de la nada,

sangrar ocasos cada madrugada,

santificar los días más profanos.

 

Vivir es aceptar de los manzanos

su fruta más prohibida y deseada,

presentir la crujiente dentellada

en pleno corazón de los gusanos.

 

Vivir es perfilar tu silueta,

volar dejando el cielo por debajo

y deshacer la muerte beso a beso.

 

Vivir es lo contrario de poeta,

es desgranar tu boca gajo a gajo.

Vivir… tú y yo sabemos lo que es eso.

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El reloj parado

 El tiempo ya no fluye por su esfera,

tras hallar su segundo más hermoso,

lo sopesó y, callado y caprichoso,

decidió poner fin a su carrera.

 

Hay algo de infinito en tu quimera,

con tu plante arrogante y orgulloso,

deshiciste el binomio melodioso:

el tic final del tac quedó a la espera.

 

Hay en tu gesto un rasgo de grandeza,

un encararse al dios más desbocado

y un matar al tirano que ennoblece.

 

Lo que el hombre, mortal naturaleza,

no pudo conquistar tú lo has logrado…

y el parado reloj se enorgullece.

(arriba)

 

 

Húmedos zigzags

 Fue fértil la locura entre tus manos,

fue dulce el atracón de sexo y alma.

Se emancipó el deseo de la calma

y Dios convaleció en vientres humanos.

 

Vibré la tempestad de tus caderas,

bajé de meridiano a meridiano

y deshojé la flor de tu manzano

a dentelladas ávidas y fieras.

 

Anduve de milagro a sacrilegio

y en tu cuerpo, supremo privilegio,

al último estertor del corazón,

 

expuse del amor, con lengua impía

y en húmedos zigzags, mi teoría,

que desembocará en excomunión.

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Cruzando el Rubicón

Cruzando el rubicón de tu cintura,

la suerte, como tú, ya estaba echada.

A toda vela, a toda madrugada

navegué tu sinuosa singladura.

 

Cada golpe de mar fue una locura,

y tu vientre marea incontrolada.

La vida, cuerpo a cuerpo dibujada,

se dejó retocar de desmesura.

 

Me atreví con los riscos de tus senos,

defendí a dentelladas montaraces

el último reducto de tu ombligo.

 

Acaparé tu boca a labios llenos,

y, al fin, entre tus muslos contumaces,

a plena lucidez, soñé contigo.

(arriba)

MANOLO BERRIATÚA